HISTORIA

El fundador del Taller los Marcelos, Don Marcelino González y González, desembarca en la costa este de Estados Unidos en 1916 tras más de diez años trabajando en los astilleros de Bilbao (Euskalduna) y Ferrol (Sociedad Española de Construcciones Navales). Gracias a esta experiencia, primero es contratado en la fábrica de locomotoras con sede en Pittsburgh (H.K. Porter), luego en los astilleros de Filadelfia (Philadelphia Naval Shipyard) y finalmente en Nueva York (New York Shipbuilding Corporation). Es una etapa que marcará para siempre el destino de tres generaciones de mecánicos navales comprometidos con la calidad y la innovación, pues ambos astilleros eran en esa época una de las mayores fábricas de buques de guerra del mundo. Allí, Don Marcelino pronto es muy valorado por su destreza con el metal, su compromiso con el trabajo bien hecho y su habilidad para dar soluciones prácticas a problemas mecánicos concretos. Sin embargo, poco después de la entrada de EEUU en la Primera Guerra Mundial, decide volver a España y abrir su propia empresa aprovechando los conocimientos adquiridos. En 1919 comienza la travesía del Taller los Marcelos, dedicado a la mecánica naval en la costa norte de Galicia, en el puerto de Cariño. Es un lugar de mar bravo y cambiante donde es vital contar con la ayuda de un mecánico fiable. La buena reputación de su taller se extiende por toda la ría y Don Marcelino se convierte en un padre satisfecho por poder mantener a una familia de 14 hijos y dar trabajo a numerosos jóvenes que aprendieron un oficio muy demandado en esos años.

Su pasión por la mecánica era tan grande que la transmitió a los suyos de forma natural. Así, la segunda generación consiguió consolidar su posición como centro de industria marítima de referencia en el noroeste de España. Además de su compromiso con la calidad, los hijos de Don Marcelino fueron pioneros en diversas innovaciones que han obtenido importantes reconocimientos en el sector. En los años cincuenta Marcelino González Romero, hijo de Don Marcelino, desarrolla un compresor para la práctica del submarinismo. Esta invención permite al Taller los Marcelos hacer trabajos subacuáticos de reparación de ejes, hélices y cascos con gran eficacia y seguridad. En 1953 otro hijo de Don Marcelino, Fernando, diseña un motor diésel de 10 KW 4T. con cambio interno cuyo bloque, culata y volante es fundido en la prestigiosa casa Pazó de Pontevedra. La fiabilidad de ese motor contribuyó al desarrollo de la industria pesquera que caracterizó a Cariño en las siguientes décadas. En esos años alcanza su máximo apogeo el tejido productivo de la industria conservera de Cariño. Esta actividad productiva encontró en Ezequiel, otro buen representante de la segunda generación, un aliado para resolver los innumerables problemas mecánicos inherentes a toda maquinaria industrial sometida a trabajo intensivo. Su talento para arreglar, adaptar y ampliar las capacidades de las cerradoras de latas, de casas tan prestigiosas como Somme o Cinzano, le abrió las puertas de estas compañías pero él prefirió siempre mantenerse fiel al taller familiar.

En la actualidad, la tercera generación de mecánicos navales, pese a la crisis del sector, sigue manteniendo viva la actividad industrial gracias a su capacidad para integrar el saber hacer de sus antepasados con una vocación innata por la incorporación de los últimos avances en mecánica naval para barcos de pesca y de recreo. Son especialistas en recuperación y restauración de todo tipo de embarcaciones. Este trabajo solo es posible si se combina conocimiento técnico avanzado y cariño.

Cumplimos cien años gracias a todos los clientes que han confiado en nosotros. Sabemos que ellos reconocen el esfuerzo por dar un servicio excelente y por comprimir tantos años de historia en un resumen tan breve.